Derechos Reservados by G. Fogel

domingo, 1 de marzo de 2009

Desayuno en "Las Dalias"




La mujer se viste al pie de la cama, cálida y húmeda. Descuidada. Dejando tras de si un rastro de agua y vapor en el aire; la toalla en el piso, la camisa suelta, los lentes sobre la silla, el hombre, desnudo y dormido, con las rodillas unidas y las manos abiertas debajo de la almohada, esperando sentir el aroma del mate cocido y las tostadas, para abandonar el sueño y comenzar a despertar.

En la cocina, el conjunto de platos y vasos se esfuerza por asomar la nariz
afuera del agua grasienta y plomiza. Abrazadas a una tabla de cortar carne, naufragan pinceladas de dulce, gotas de miel, mentiras de queso. Transparentes girones de la piel de un salamin.
Un ejército de migas de pan.
La bufanda irregular de una naranja.

En el fondo, sumergidos en la oscuridad del la pileta, ahogados por viles y cobardes, yacen el resto del naufragio; un par de tenedores y el cuchillo de untar la mantequilla.
El desayuno concluye cuando el último participante haya llegado a la meta, ni un segundo antes. Mientras tanto, todo vale. Se puede concursar con café recién exudado del filtro, mate amargo a punto de evaporación, jugo de naranjas, redoxon o cal-c-vita, según se prefiera, agua mineral o coca cola. Infusiones del estilo te o hierbas aromáticas no son bien vistas, ya que se las considera
competencia desleal. El chocolate caliente, en cambio, obtiene de buen grado la colaboración de los más pequeños, aunque después lo dejen enfriar y le agreguen once cucharadas de azúcar.

Los fines de semana, especialmente a principios de mes, se puede encontrar en la mesa una pastafrola de membrillo, criollitas con queso blanco, sándwiches de papas fritas, pan queques con dulce de leche, y hasta en ocasiones memorables, el plato fuerte: pizza fría.

Afuera, a través del vidrio, el sol del patio parece más amigable. El gato duerme ovillado sobre el lomo del perro. El perro, generoso en pelambre y desproporcionado de orejas, esconde el hocico bajo las patas para ocultarlo del frío, y en el marco de la puerta, donde invariablemente todos se saludan antes de partir, la misma araña de todas las mañanas insiste en atrapar un pedazo del día, envolverlo en suave capullo y guardarlo presurosamente...por si al cabo nadie regresa.

22 comentarios:

Fogel dijo...

...finalmente, después de seis años de andar a los tumbos, he vuelto a desayunar en "Las Dalias"

cacho de pan dijo...

estimado Fogel: Las dalias es un lugar emblemático de Ibiza, la isla de la fantasía.
El suyo, otro, me hizo pensar que se había mudado aquí enfrente.
Precioso desayuno, con o sin arena.

Fogel dijo...

Que interesante dato. Lamentablemente para ambos, estas Dalias aún pertenecen al "Nuevo Mundo", y si bien estoy a unas pocas cuadras de la playa, estas arenas no son tan blancas como aquellas, ni las bikinis tan escasas...

Walter L. Doti dijo...

¿Y fue un regreso feliz?

Qué maravillosamente bien domina el arte de la descripción. La imagen de la pileta con los trastes se me hizo presente aquí en la librería, donde lo leo. ¡Qué enchastre cuando uno apoyó sus libros en el mostrador!

Fede dijo...

Me gustó mucho lo de la bufanda de la laranja: yo quiero una así.

Fogel dijo...

Walter...dicen que adonde uno ha sido feliz no se debiera volver, pero el corazón es más tozudo que la razón. Por ahora, el desayuno fue todo un éxito.

Fogel dijo...

Don Fede, el único inconveniente que tienen ese clase de bufandas son las hormigas, pricipalmente las coloradas, las negras no tanto.

PD: Perdón, una disgreción, pero, ¿ustedes han notado cuánto más bravas son las coloradas?

Idea dijo...

Prometo volver, hacía nucho tiempo que no desayunaba...
Magnífico retrato.

Fogel dijo...

Idea, que bueno verla por mi modesto blog. La invito a pasar y tomar unos mates cuando quiera.
Un abrazo.

morgana dijo...

Yo ni desayuno, apenas salgo conmigo a cuestas llevándome a cococho toditas las mañanas. Eso sí: apenas llego al trabajo no soy yo si no empiezo con mates, mil mates solitarios que disfruto ni te imaginás cuánto.
En casa, en cambio, apostamos a las meriendas, hablando uno sobre el otro del día transcurrido pero nunca hay cosas tan ricas como las de tu desayuno.
Dejame un segundo de envidia, sólo uno.
Gracias por tus palabras en mi cocina inconclusa.
Saludos, M.

Fogel dijo...

La entiendo Morgana, hubo un tiempo en el que entraba a trabajar por la mañana y nunca jamás desayunaba en casa. Ahora, desde hace años que trabajo de noche, y lo que hago es acostarme sin cenar. Por eso la paz y el color de mis desayunos pantagruélicos. UN abrazo y gracias por venis a saludar.

Margot dijo...

Mañana, al levantarme, no podré por menos que tener en cuenta su bodegón.
Salpicado con sus letras.

Un placer fue leerlas.

Fogel dijo...

Gracias Margot por pasar a visitar, y como se dice por ahí, "no solo de pan vive el hombre", en este momento me acabo de dar cuenta de una falta mayúscula de mi parte, nada mejor para acompañar el desayuno que algo interesante para leer, ¿no te parece?

Walter L. Doti dijo...

Che Fogel, ¡qué buen diseño, loco!

Lena dijo...

mmmm...

Yo también quiero desayunar en Las Dalias, Fogel...

Cuánta intimidad cotidiana y qué buen descrita...

Divino texto...

(Has dejado en mi sitio un reguero de rosas...no sé cómo agradecerte...te sigo, te sigo...)

Y te dejo un par de besos con sol!

Fogel dijo...

Gracias Walter, ya soy todo un Hacker!!(¿se dice así?)

Fogel dijo...

Lena, que placer estar en contacto contigo. Tanto me gustó lo que escribes que me sentí como un adolescente cuando te leí, y no digo que sea bueno o malo, que para juicios de valor están los "expertos", sólo sé que tus palábras parecian escritas con una pluma de mis alas.

Un abrazo de bienvenida

Darth Tater dijo...

¡Qué hermosa composición, querido Fogel! Ese pan crujiente, ese chorizo, ese mate... mmmm... su texto me ha hecho añorar mis desayunos de fin de semana de antaño... en mi caso con huevitos con machaca o tamalitos calientes o en ocasiones especiales omelettes de espárragos y brie... mmmm... y qué rica descripción de las Dalias... Por cierto, ¿cómo es una dalia? creo que no las reconozco... ¿de verdad las hay negras? Bueno, ya me dispersé. Yo también pienso que las rojas son más salvajes... en fin, algún día me invitará un mate, vale?

Fogel dijo...

Amable Darth Tater, un mate no se le niega a nadie. El tiempo dirá si se acorta la distancia entre México y Mar del PLata.
PD. Desconozco que se encuentren Dalias negras...me dejó intrigado.

Un abrazo

Facundo dijo...

Buenas Fogel... Está bastante bien este retrato del instante del desayuno. Se puede respirar amanecer en cada uno de los párrafos. Un enlace a su blog fue agregado en el mío. Saludos.

Fogel dijo...

Facundo, se agradece su visita y gracias por el link. Corresponde que lo imite.
UN abrazo

Marcelo dijo...

La foto me pareció con productos tan deliciosos...hasta que leí tu desayuno, y me pareció más maravilloso aún.
Un abrazo